Médicos asesinos


El punto más importante del juramento hipocrático es “primero, no hacer daño”. Sin embargo hay excepciones a esta regla, quienes con malicia, han empleado sus conocimientos y poder para ocasionar daño a personas inocentes. Muchos lograron pasar desapercibidos escondidos en hospitales, donde no es raro que algún paciente pueda fallecer.

No hace mucho, publicamos sobre enfermeras asesinas, “ángeles de la muerte”, así que en esta ocasión, próximos a noche de brujas, exploraremos el tema de médicos asesinos.

1. Josef Mengele. Fue un médico Nazi en el campo de concentración de Auschwitz durante la segunda guerra mundial. Su trabajo consistía en evaluar a los judíos que llegaban al campo para saber si eran aptos para trabajos forzados y atender problemas menores de salud.

En sus años en el cargo, ganó su reputación como notorio criminal de guerra al realizar experimentos innecesarios forzados en prisioneros, en particular niños gemelos. Realizó cirugías sin anestesia, removiendo órganos para determinar el tiempo de sobrevivencia sin éstos, amputando miembros, inyectando tintes en globos oculares para intentar cambiar el color de sus ojos.

2. Michael Swango. En apariencia era un médico guapo y amigable, pero fueron sus colegas los que notaron un libro de recortes con imágenes de desastres y eventos horribles. Nadie sospechó de cuán profundo era su trastorno, hasta que descubrieron que hubo asesinado aproximadamente 36 pacientes en un hospital escuela.

Cambió de trabajo, y sus nuevos compañeros empezaron a sospechar de él, así que Swango empezó a envenenados lentamente, ocasionandoles dolores abdominales y cuadros bizarros. Algunas de las víctimas tomaron muestras de los alimentos y bebidas envenenadas, probando su papel. La policía encontró en su casa químicos, armas y recetas de venenos en su hogar.

Cumplió dos años en la cárcel, de una sentencia de cinco años, y continuó su carrera en un remoto hospital en África, donde continuó sus prácticas durante varios años hasta ser aprehendido en 1997 cuando volvió a su país. Fue sentenciado a cadena perpetua

3. John Bodkin Adams. Fue un médico británico quien, entre 1946 y 1956, asesinó a ciento sesenta de sus pacintes, por lo general mujeres ancianas, no sin antes convencerlas de dejarle sus pertenencias en sus respectivos testamentos. Previo a esto, nunca fue encontrado culpable de homicidio o negligencia, lo que hizo que muchos especularan que estaba ayudando a practicar la eutanasia.

Fue encontrado culpable de los asesinatos y otros delitos, y le fue quitado su licencia médica. Posteriormente le fueron retirados los cargos en su contra, e intentó tres veces recuperar su licencia, y lo hizo en 1961. Ejerció hasta su muerte por causas naturales. Este caso ocasionó se hicieran numerosos e importantes cambios al sistema legal inglés.

4. Henry Howard Holmes. Fue un médico estadounidense de quien se sabe debió haber asesinado entre veinte y cien personas, aunque hay autores que creen pueden ser hasta doscientas personas.

Todo comenzó durante sus estudios médicos, cuando empezó a robarse los cadáveres del laboratorio de disección, mientras que al mismo tiempo tramitaba un seguro de vida para las personas a quienes pertenecieron los cuerpos en vida. Luego, los desfiguraba y hacía ver que habrían muerto en un accidente para cobrar las pólizas.

Cuando se mudó a Chicago, logró quitarle a una viuda una farmacia, y con éste negocio logró contruir un hotel con locales comerciales al frente. Forzó a sus empleados a sacar pólizas de vida en las que él era el beneficiario, para luego asesinaralos y cobrar el dinero del seguro. Le gustaban las víctimas femeninas, lo que le ganó el título del primer homicida en serie estadounidense.

En su hotel desaparecían empleados y huéspedes. Torturó, asesinó y desmembró a sus víctimas en el sótano, vendiendo sus órganos y esqueletos a laboratoios de investigación médica. Fue encontrado culpable y sentenciado a muerte por ahorcamiento en 1897.

5. Harold Shipman. Médico británico que asesinó a más de doscientas personas por dinero. En el 2000 fue encontrado culpable de la muerte de quince de sus pacientes y en el 2002 las investigaciones concluyeron que fue responsable de doscientas personas más, pero nunca fue imputado cargos por estas últimas.

Muchos compañeros de trabajo de Shipman fueron los primeros en notar que los pacientes morían luego de que él estuvo a solas con ellos en sus cuartos de hospital. Alertaron a las autoridades, pero la investigción no arrojó resultados permitiendo al médico continuar con sus crímenes. Su falla fue asesinar a una anciana acaudalada y falsificar el testamento, asignándose una fortuna. La exhumación del cadáver demostró había muerto de una sobredosis de opíaceos.

Shipman fue condenado a quince cadenas perpetuas consecutivas. Se ahorcó en su celda en el 2004.

Aunque sabemos que estos temas pueden ser escabrosos, por decir poco, esperamos lo hayan encontrado interesante. No disfrutamos del morbo de compartir estos temas, pero son tópicos que nos parecen importantes como personal sanitario y como pacientes. Consideramos nuestra obligación educar a nuestra comunidad de lectores sobre aspectos que no se suelen discutir en otros sitios o publicaciones.