Efecto de gaseosas en el cuerpo


Esta semana, el Gobierno Nacional anunció un impuesto a las bebidas azucaradas y gaseosas a modo de disuadir su consumo en vista de los hallazgos de recientes censos de salud. En una entrada anterior, fuimos increíblemente vocales contra la medida del retiro de la sal en mesas de restaurantes, intervención que consideramos como mucho cosmética.raspberryade

No obstante, en esta ocasión queremos abogar a favor de esta nueva medida. A continuación nuestra explicación de por qué consideramos puede ser efectiva, de ser implementada y reglamentada de la forma apropiada.

Empecemos con un poco de historia. Todo empieza a finales del siglo XVIII. Joseph Priestley descubrió la forma de infundir al agua dióxido de carbono, creando el agua carbonatada, o “soda”, una alternativa de agua mineral. John Mervin Nooth, creó un aparato que lograra carbonatar el agua para poder venderla en farmacias. Jöns Jacob Berzelius empezó a añadirle sabores a las aguas carbonatadas, agregando especies, jugos y vino.

Hasta el momento, su uso era limitado con fines medicinales, pero es Johann Jacob Schweppe quien la comercializa con fines recreativos. De todas sus bebidas, es la cerveza de gengibre, la Ginger Ale, la que gana mayor popularidad.

La mezcla de agua carbonatada con otras sustancias, como la quinina, un agente que protege contra la malaria, el “agua tónica”, disparan la distribución de las bebidas carbonatadas en Asia y África. Pero el problema para su distribución era sellar las botellas para que no se escapara el gas. Es entonces cuando Hirm Codd crea una máquina embotelladora que lograba sellar las botellas de vidrio con el platillo metálico que todos conocemos.

Mientras tanto, se popularizaban las “fuentes de soda”, establecimientos que contaban con una máquina que mezclaba el agua carbonatada con las sustancias que le daban sabor. Son estas fuentes de soda las que posteriormente evolucionarían a los restaurantes de comida rápida.

Al principio, se gasificaba el agua mezclando ácido sulfúrico y tiza, lo que liberaba dióxido de carbono que se burbujeaba en el agua destilada que se deseaba gasificar. Actualmente, se gasifica el agua con bicarbonato de sodio, y este cambio es importante. Cuando se mezcla bicarbonato de sodio con agua, éste se convierte en dióxido de carbono, dejando atrás una molécula de sodio. El sodio es el elemento químico responsable de otorgar el sabor salado a la sal de mesa, cloruro de sodio. En 100 gramos de gaseosa hay 4 miligramos de sodio. Esto puede ser un problema si usted es hipertenso o si tiene enfermedad renal.

De modo que al beber gaseosas, realmente se consume agua salada. ¿Pero no es salada, verdad? El sabor salado se esconde añadiendo grandes cantidades de azúcar. La cola promedio tiene 9 gramos de azúcar por cada 100 gramos de bebida, lo que se traduce en 37 Calorías, lo que predispone a obesidad y diabetes mellitus. Esta combinación de sustancias es lo que se conoce como una solución hiperosmótica, es decir, que tiene más moléculas disueltas en el líquido cuando se compara con la sangre. Al ser absorbidas, el organismo tiene que sacar agua para diluir el contenido bebido, deshidratando a la persona.

La situación sólo empeora cuando se añaden “saborizantes”, como la cafeína, una molécula adictiva, que eleva transitoriamente la presión arterial y tiene una leve acción diurética, es decir, que incrementa la cantidad de líquido que se pierde en la orina. Otros saborizantes, como tintes y caramelo, tienen sustancias carcinogénicas, es decir, que tienen el potencial de ocasionar cáncer.

Finalmente, tenemos el propio gas de dióxido de carbono, que ha demostrado tener consecuencias más allá de un vulgar erupto. Estudios han demostrado que pueden ocasionar daño pulmonar tanto en niños como en adultos. Entre los daños más severos se encuentra la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, una lesión propia de personas expuestas al humo de cigarrillo, leña o máquinas de combustión interna.

Sólo para resumir todo lo que hemos explicado, los posibles efectos de beber sodas son:

  1. Obesidad.

  2. Diabetes mellitus.

  3. Hipertensión arterial.

  4. Deshidratación.

  5. Cáncer.

  6. Enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

No hemos abordado el tema del reemplazo de azúcar por jarabe de maíz rico en fructosa. Pueden leer más sobre ésto en el blog personal de uno de nuestros contribuyentes.

Como empresa al servicio de la atención sanitaria, cimentada en la comunidad chiricana y con responsabilidad al momento de expresar una opinión queremos aclarar que no busamos demonizar las gaseosas, sino educar a nuestros lectores para que entiendan todas las consecuencias de sus decisiones alimentarias. Aún pueden consumirlas, pero nuestra recomendación es que sea de forma ocasional, no a diario.

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