Un roce con la muerte


Soy patólogo. La mayor parte de los artículos que publicamos son sobre negocios en salud, particularmente sobre aspectos innovadores, formas de pensar que podrían cambiar cómo operan clínicas, hospitales y laboratorios en América Latina y El Caribe.

No obstante, hoy deseo hacer algunas confesiones personales sobre la carga del trabajo. La provincia de Chiriquí se encuentra en el extremo Oeste de la República de Panamá. Estamos lo suficientemente lejos como para saber que debemos resolver nuestros propios problemas de alimentación y salud, que son los más importantes.

Es un lugar bello, entre rural y urbano, y no creo que podría volver a vivir en una ciudad luego de haber estado aquí algunos años. Sin embargo, es un lugar con características sociales y biológicas muy particulares.

Debemos contar, porque sólo es especulación, con una elevada población de genes BRCA mutados, que se aprecia en familias con cáncer de mama y próstata, así como elevadas tasas en determinados distritos de cáncer gástrico. Esto tomará muchos años en cambiar y no es tema de esta entrada.

Por ser rural, la gente recurre a remedios folkóricos con frecuencia, retrasando la atención sanitaria oportuna y resultando, en algunas ocasiones memorables, en muertes que requieren autopsias para determinación de la enfermedad.

Realizo estos exámenes pos-mortem sin problema, pero de cada vez en cuando, coincide un paciente de mi edad, a quien la vida ha brindado oportunidades diferentes a las mías, terminando en una muerte prematura.

A diferencia de otros países de América Latina y El Caribe, Panamá tiene problemas de salud de primer mundo: Diabetes mellitus, enfermedad cardíaca y vascular, cáncer, accidentes de tránsito…

Hoy, y particularmente hoy, me siento vulnerable por tener que ser recordado sobre lo efímera que es la vida. Parece una contradicción. Vivimos en un planeta lo suficientemente acogedor como para albergar vida, en todas sus maravillosas formas, pero igualmente hostil como para arrebatarla sin muchas dudas.

El cuerpo humano es una máquina, calibrada para trabajar dentro de un rango específico. Una máquina, si se usa mucho, se deteriora pero el cuerpo humano, entre más se usa, menos mantenimiento requiere.

Los médicos tenemos una labor importante en la sociedad, pero llegamos a olvidar que nos regimos bajo las mismas reglas que el resto de los seres humanos. Fuertes y frágiles.

De todas las especialidades, considero, la anatomía patológica es la que contempla por más tiempo y en mayor detalle la muerte. No podemos hacer nada por quienes han fallecido, pero logramos proporcionar información muy útil para los que viven.

Hoy, y particularmente hoy, los invito a sentirse vulnerables. ¿Qué pasaría si murieran hoy? ¿La ropa interior que usan es decente? ¿Qué secretos revelaría su muerte y cuáles se llevarían con ustedes? ¿Qué habrían cambiado? Pero lo más importante es si mueren sin remordimientos o planes sin materializar.

Encuentro este roce con la muerte enriquecedor, porque lo único seguro al nacer, es que moriremos. ¿Por qué, como sociedad, hemos preferido olvidar a la muerte? Ciertamente es una verdad dolorosa.

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